(Reseña) «A salto de mata» de Paul Auster

(Reseña) «A salto de mata» de Paul Auster

Acaba de celebrarse el día del trabajo y no hay mejor excusa para comentar un libro breve y ágil en el que el escritor estadounidense Paul Auster nos cuenta sus peripecias laborales durante su juventud hasta casi entrar a la década de los ochentas, periodo que él denomina fue de un «fracaso precoz».

Si alguna ciudad ha funcionado como una meca para los escritores a lo largo del siglo XX esta ha sido, sin duda, París. Ya sea porque hemos leído las desventuras de escritores como Henry Miller ahí o porque hemos reído con personajes como Martín Romaña, la capital de Francia ha sido un lugar común de peregrinación ineludible.

Paul Auster no tenía bien definido su camino y decidió por ello dedicar gran parte de su juventud a errar por el mundo y conocer lugares y circunstancias que no hubiese conocido jamás si no hubiese salido de su lugar privilegiado como estudiante universitario de clase media. En este breve libro, este escritor natural de Nueva Jersey, nos cuenta cómo precisamente estuvo «a salto de mata» de un trabajo a otro. No solo se dedicó a la traducción mientras estuvo en Europa (y sobre todo en París), sino también a otras diversas actividades, entre las que podemos destacar la de administrador de una granja (en donde recibía las periódicas visitas de un curioso personaje de apellido Sugar) o cuando se embarcó en un pequeño petrolero Esso en la costa atlántica de Estados Unidos, con el que tuvo la oportunidad de conocer mejor el sur de su país.

Mientras nos va contando cómo va saltando de un trabajo a otro también vamos acompañando al autor en sus reflexiones sobre su vocación escritora y las dificultades que tenía para ponerla en práctica cuando estaba agobiado por el trabajo de traducción, que muchas veces no era muy bien pagado; también sobre su vida personal, pues estos fueron duros años de formación que le costó hacer muchos sacrificios, lo que lo llevó también a tener una relación de pareja casi heroica que no sobrevivió a este tempestuoso periodo de su vida.

Por otro lado, su vocación literaria también tuvo que pasar por una serie de encrucijadas en donde su jugaban por un lado el dinero y por el otro, la libertad de escribir sobre lo que quisiera, en uno de los puntos que el autor reconoce como uno de los más bajos de su vida, en donde, acorralado por su estrechez económica se dedicó a perseguir la suerte con un juego de cartas que no tenía ningún futuro comercial, o escribiendo una novela policial que no era del interés de ninguna editorial, por la misma razón: sería más caro producirla que los posibles beneficios que representaría.

Sin embargo, como bien sabemos, Auster pasó este mal tiempo, el cual concluye tristemente con la época en que perdió a su padre, momento clave para su vida y para su carrera porque es a partir de ahí que despega como escritor. Producto de esta experiencia, escribe La invención de la soledad, una profunda reflexión sobre la soledad en la que vivió su padre en sus últimos años y en la que Auster despliega todo su talento y sobre el que se construye todo lo que vino después.

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