(Reseña) «¡Ave, César!»: un paseo por lo bueno y lo malo de la época dorada de Hollywood

(Reseña) «¡Ave, César!»: un paseo por lo bueno y lo malo de la época dorada de Hollywood

¡Ave, César! es una película cómica estadounidense escrita, dirigida, producida y montada por los hermanos Coen. Cuando uno habla de las películas de los hermanos Coen, sabe que encontrará una fuerte dosis de sarcasmo e ironía en ellas; es su sello personal.

En ¡Ave, César!, la sátira está servida, pero no va mucho más allá, queda en la superficie. Y es que, al mí parecer, la película es más una sucesión de secuencia, una colección de anécdotas, unas situaciones que se entrelazan sólo porque pasan en el mismo lugar, o con personas digamos que involucradas entre sí. Si bien, divertidísima – me ganaron con la escena en la que cachetean a George Clooney, (sí, lo odio) – para los Coen se sitúa en el punto medio de sus trabajos.

La película es una historia ficticia sobre Eddie Mannix (Josh Brolin), un «mediador» de la vida real, trabajando en la industria del cine de Hollywood durante los años 50’s. Él trabaja para Capital Pictures, uno de los grandes estudios de Hollywood. Su tarea consiste en proteger la vida e intimidad de las estrellas de cine de todo tipo de problemas y rumores que puedan dañar su reputación (y la del estudio) y por ende la película de la que son parte. Así que tiene que mantener a los actores, actrices, directores, y demás (aquí entran Scarlett Johanson, Alden Ehrenreich, George Clooney, Channing Tatum, Ralph Fiennes, etc.) al margen de escándalos.

Josh Brolin encaja perfecto en el papel. Su personaje enfrenta la decisión de cambiarse o no de trabajo, además de sentirse culpable por mentirle a su esposa debido a que no puede dejar de fumar. Las escenas en las que se reúne con el tipo de la aerolínea que lo quiere contratar, son buenísimas, ya que, a pesar de ser pequeñas, mostraban claro el dilema: seguir en el trabajo súper agitado que tenía, o cambiarse a la aerolínea que le ofrecía muchos más beneficios y facilidades.

Sobre los demás personajes, todos en realidad tienen participaciones menores. 
A los muchos hombres se les cumplirá el sueño de ver a Scarlett Johanson como sirena; pero tranquilos, su personaje es una actriz embarazada, y (¡spoiler alert!) termina casándose con Jonah Hill.
Diría que lo prometedor lo veo en Alden Ehrenreich, o cómo yo lo llamo: Nuevo Leo DiCaprio (¡no me digan que no son igualitos!). Interpretó muy bien al típico chibolo encasillado en un único papel, inocente, talentoso (al estilo Kirby Grant), pero al mismo tiempo audaz como para darse cuenta de lo que está pasando a su alrededor y saber actuar según eso.

De las intervenciones de Channing Tatum, la única meritoria sería la del baile (recordemos que trataba de emular a Gene Kelly), ya que no usó doble y aprender el baile le costó muchas horas de ensayo, aparte que varios de sus co-bailarines son de Broadway, así que tenía que estar a la altura. En esa escena también cabe destacar que los Coen decidieron ampliar la toma para mostrar como los miembros de la producción movían el set: impecable.

El resto de actores sólidos en sus actuaciones: Ralph Fiennes perfecto como el director europeo con aires de grandeza, que resulta ser gay. Y la frase que su personaje (Laurence Lorenz) tuvo que cambiar de las líneas del personaje de Alden Ehrenreich (Hobie Doyle): «It’s complicated», quedó perfecta. Por otro lado, Tilda Swinton genial como las reporteras gemelas rivales Thora y Thessaly Tacker, imitando la rivalidad entre Hedda Hopper y Louella Parsons (columnistas de farándula los años cincuenta).

Otra cosa resaltante de ¡Ave, César! es la narración. Hoy en día son poquísimas las películas con narración incluida, pero quién mejor que Michael Gambon para ésta tarea (The Storyteller).

Lo que más tiene ésta película son momentos. Sólo por diversión, enumeremos cinco de ellos (francamente, no recuerdo si hay más):

-Una de las escenas en las que George Clooney está en plena grabación, ya acabaron sus líneas, y el director les dice «Sigan riéndose». Si pretender ser una persona que no eres es su profesión, unos minutos más en eso no les hará daño (ok, no).

-La escena en la que Alden Ehrenreich está esperando a su cita, y se pone a jugar con el lazo, muestra de los efectos estándar que se estaban usando.
-Sin duda, una de la escenas más graciosas será la de George Clooney cuando se encuentra con sus captores comunistas. Las explicaciones que le dan, si bien no están lejos de la realidad, se hacen con una dinámica de ida y vuelta que las hace divertidas. 

-La escena en la que Frances McDormand (interpretando a una montajista) se le atora la chalina en la editora y por poco muere, si no fuera por el personaje de Brolin que pone en reversa la máquina. Algo de emoción aterrador resulto bien en ese punto.
-La escena con los representantes de cada religión para ver que les parece la película que están produciendo. Creo que, además de resultar muy graciosa y sarcástica, la recrean tal cual sería en la vida real. Claramente no habría porque llevarse mal entre personas que pertenecen a diferentes religiones.

También podría incluirse aquí la escena de la natación sincronizada, o la del baile de claqué, o la del submarino comunista, según su gusto. Sin embargo, si bien dan ‘un respiro’ a la trama, no creo que aporten mucho de fondo. Y en el fondo, ésta es una película que nos enseña al Hollywood dorado, aquél que se veía amenazado por la televisión junto con el fantasma comunista, y que hacía de todo para tapar los escándalos de los artistas con tal que no perjudicaran su imagen. El personaje de Brolin, héroe, sacrifica su tranquilidad, para seguir en ese juego, porque, al fin y al cabo, es lo que le gusta hacer y en lo que es bueno.

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