(Reseña) «Los abismos» de Pilar Quintana

(Reseña) «Los abismos» de Pilar Quintana

Este año el premio Alfaguara se fue para Colombia. La autora Pilar Quintana se hizo acreedora a este premio luego de vencer en una convocatoria que ha llegado al tope histórico de más de 2400 manuscritos presentados, frente a los poco más de 600 de la edición anterior.

Tras la publicación de la exitosa novela La perra (2017), la escritora colombiana pertenecientes a la generación de los Bogotá 39 alcanzó renombre internacional, y pasó a ser una de las voces femeninas jóvenes más influyentes de su país, este proceso de consagración de su carrera profesional llega aun más alto con la obtención del premio Planeta 2021, el cual se desarrolló por primera vez con novelas enviadas de manera virtual desde distintos puntos del globo, batiendo récords históricos.

Esta novela, como muchas otras con protagonistas de esta edad, es una historia sobre la pérdida de la inocencia. Claudia, de ocho años, nos cuenta su vida en «la selva» del departamento en Cali en donde vive con sus padres, los cuales no pasan por un buen momento, situación que, conforme nos la va contando Claudia, se nos presenta como un hogar quebrado desde hace tiempo en el que poco amor ha habido y más bien sí mucho silencio e incomunicación, es decir que rara vez el piloto automático era desactivado para tomar la rienda de una crisis.

El texto de Pilar Quintana, al optar por contarnos todo desde la perspectiva de una niña privilegiada de una familia clase media de un hogar tradicional, torea con cierta sutileza los momentos más crudos que pasa esta familia, como la infidelidad de la madre y la posterior guerra fría que existe entre ella y la tía Amelia (daño colateral de esta relación paralela). Sin embargo, de lo que no pueden proteger a la niña es de las historias de las que Claudia se va enterando de oídas de lo que ve en las noticias o lee. Sobre de los traumáticos hechos de suicidio de algunas mujeres conocidas de su familia, los cuales, encuentran ciertas coincidencias con otras muertes de mujeres famosas, desgracias que —se nos da a entender— han sido disfrazados de accidentes cuando en verdad fueron suicidios. Así, se sugiere que mujeres como Natalie Wood, Grace Kelly y Karen Carpenter en verdad se quitaron la vida por no soportar más las condiciones en las que vivían.

Estas muertes son importantes para la narración porque sirven a Quintana como excusa para ir al fondo, nunca mejor dicho, de los abismos —físicos y metafóricos— que rodean la vida de mujeres que tienen que vivir su vida en silencio. Cuando estas muertes suceden en el entorno cercano de Claudia, es ella la que empieza a cuestionarse el atractivo de los abismos, lo que concluye con el desenlace con su muñeca Paulina. Metafóricamente, quizá, en la historia de su abuela había otro abismo, que separó siempre a esta de la madre de Claudia.

A pesar de diálogos muy interesantes que nos retratan a una Claudia muy inteligente y despierta, la novela solo pasa por el tema intenta plantear de manera muy superficial, lo que deja un poco fuera de lugar al título. La prometida idea de profundidades (del alma, del dolor, de la soledad) solo se muestran de manera ligera. Y a veces uno se decepciona ante la promesa de que reviente un conflicto, pero en vez de eso se va desinflando como un globo de helio que se va hundiendo en un abismo de medianidad.

Por Christian Ávalos

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