(Reseña) «El tambor de hojalata» de Günter Grass

(Reseña) «El tambor de hojalata» de Günter Grass

No ha sido fácil para mí la lectura de El tambor de hojalata. Este libro, publicado por primera vez en 1959, supuso para Günter Grass, su autor, su consagración internacional y también el punto más alto de su narrativa y nos presenta una visión falsamente inocente, desgarradora y grosera de una Alemania que se encaminó de forma alegre hacia el abismo.

Y la dificultad que presenta esta novela es porque el Oskar que nos cuenta lo que vivió en los años de la Segunda Guerra Mundial es tal vez un personaje fantástico. Su condición de paciente de un hospital psiquiátrico hace que uno ya empiece a dudar un poco de todo lo que nos cuenta y a seguir o a adecuarse a una convención en la que advertimos que todo lo dicho por él debe estar sumido en la pátina de lo enajenado. ¿Estuvo realmente Oskar donde afirma en su narración? ¿Dejó de crecer o solamente tomó una actitud infantil para hacer más tolerable su propia existencia? Pero casi de inmediato uno recuerda pasajes como que el padre de Oskar, Alfredo, ya estaba pasando piola hacía rato y no cumplía con las políticas de higiene racial entregando a Oskar para que viera a los dioses nórdicos sin escalas.

Por otro lado, Oskar cuenta con mucho detalle todo lo que pasó en esa parte de Prusia, en la que convivieron cachubas, polacos y alemanas en relativa paz hasta que estos últimos empezaron a consumir nazismo a lo loco y empezaron con la insania de segregar y matar. A lo que respondió Oskar con su tambor y su tamaño ridículamente pequeño, pues, como había dejado de crecer a los tres años, pasaba el tiempo y parecía más un Kobold musical con ese tambor que nunca cesaba y que había reemplazar cada cierto tiempo pues quedaba como una chatarra inservible. Así, asistimos a una cátedra de historia polaco-germana en clave de realismo mágico, en la que Oskar es capaz de decidir sobre su crecimiento corporal, estallar vidrios con la voz y poner a bailar a todo una concentración de camisas pardas tan solo armado de su tambor.

El tambor de hojalata funciona además como una hermosa metáfora sobre la migración y la marginación, pues enajenado o no, ingenuo o no, Oskar nos cuenta cómo poco a poco las cosas entre las diferentes etnias fueron acercándose al punto de ignición y explosionan finalmente en la irracionalidad de la invasión nazi de Polonia en unas de las escenas más hermosas y terribles del libro: la quijotesca misión de la caballería polaca contra los Panzer alemanes y la romántica defensa del correo polaco.

Pero también es un claro manifiesto antibélico y antifascista. Nada bueno vino de la guerra para la familia Matzerath y este mundo además se reveló poco favorable para personas como Oskar. Su escape a Francia y su reflexión final son un claro ejemplo de que su espíritu estaba más allá de lo que sus perseguidores suponían de él.

La película

El director alemán Volker Schlöndorff tomó la primera parte de la novela y suprimió la narración de Oskar desde el sanatorio para contarnos una historia antibélica y centrada además en las pasiones de Oskar, en su descubrimiento del mundo adulto al que decide renunciar a cambio de su tambor. Esta película se hizo acreedora del Oscar a la mejor película extranjera de 1979, además del César, Cannes, entre otros.

Por Christian Ávalos

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