(Reseña) «Fahrenheit 451» de Ray Bradbury

(Reseña) «Fahrenheit 451» de Ray Bradbury

Me resulta triste imaginar un mundo en que estén prohibidos los libros y en el que el simple ejercicio de pensar sea causa de que se te trate como un revoltoso o de que se te persiga. Sin embargo, también me aterra la posibilidad de que ya estemos viviendo en un mundo muy cercano a lo que muchas novelas nos advirtieron que sucedería, como es el caso de 1984, Un mundo feliz, Mañana las ratas, El cuento de la criada, La chica mecánica o, como el caso de esta fantástica novela: Fahrenheit 451, escrita por el estadounidense Ray Bradbury. ¿Es que ya estamos inmersos en una sociedad totalitaria y no nos hemos dado cuenta?

La temperatura a la que arde el papel es de 451 grados Fahrenheit, como bien lo indica el epígrafe de esta novela, y es además el número que es parte de la insignia de la compañía de bomberos a la que pertenece nuestro protagonista Guy Montag, cuerpo que se encarga de detectar dónde hay libros y quemarlos hasta convertirlos en cenizas. En este mundo, los bomberos no se dedican a apagar incendios. Benjamin Franklin los creó en 1790 para dedicarse a esta «noble» acción social. ¿Habrá sido cierto que este padre de la patria estadounidense creó a los bomberos para quemar libros a mansalva? ¿O tal vez fue una alteración de la historia, una mentira que hicieron verdad oficial y la repitieron tantas veces y cuya «veracidad» ya no fue discutida? Las similitudes con las noticias falsas o fake news de la actualidad saltan a la vista.

Montag está casado con Mildred, una mujer con la que mantiene una fría relación conyugal y quien, pese a que, en apariencia, está cómoda en la sociedad en la que vive, en el fondo parece ser consciente de su miseria e intenta matarse con una sobredosis de pastillas. No lo consigue, pero este hecho no parece alterar en lo mínimo su rutina de conversar con sus amigas y ver una especie de reality show que trasmite la televisión/pared, la cual es la principal fuente de entretenimiento en este mundo disfuncional. No pareciera ser ficción, pero tampoco es realidad, es solo una forma de interactuar con la pantalla y los «familiares» (los actores que interactúan con Mildred). Como figura femenina opuesta a la de Mildred está una jovencita de 17 años llamada Clarice, quien a pesar de su breve aparición hace que Montag, por primera vez, se haga una pregunta gravitante: ¿eres feliz haciendo lo que haces?

Y también está el diablo: el jefe Beatty, quien es el Satán de esta historia; es la figura que está constantemente poniendo en aprietos a Montag, jugando con él y señalando los defectos de los libros y de la lectura. La lectura no es buena, le dice, sino ¿por qué tanta gente decidió dejar de leer? La pérdida de hábito de la lectura es la original motivación o excusa para empezar a quemar libros, pero en el trasfondo siempre hay una motivación política, tener adormilada a una población, a la que solo se le hace consumir lo que aparece en la televisión/pared para ocultarles muchos hechos relevantes que pasan sin que la población lo advierta. Una guerra, por ejemplo.

Está, finalmente, el viejo profesor Faber, el cual trata de ayudar a Montag en sus planes, pero cuando todo se sale de control, deciden separarse para evitar caer ambos en garras de los sabuesos robóticos.

Mirando un poco alrededor, veo que esta realidad está aterradoramente cercana a esa ficción predictiva.

La película de 1966

El gran director francés François Truffaut dirigió la adaptación al cine en 1966. Una película atípica para los parámetros de este realizador, en el que se aleja de sus temáticas y estética para tornarse más pop y en donde se siente la fuerte influencia que sobre él tuvo el cine de Alfred Hitchcock. Como en toda adaptación que se centra en narrar una historia visualmente atractiva, esta adaptación se toma ciertas licencias, al hacer, por ejemplo, que la actriz Julie Christie interprete tanto el papel de la esposa de Montag como el de Clarice (que aquí es una maestra de escuela primaria).

Sin embargo, en lo central, se mantiene el conflicto de Guy por saber qué dicen los libros y por qué tiene él que seguir quemándolos cuando ha visto con sus propios ojos cómo las personas prefieren morir con sus libros antes de dejarlos solos. Tanto en la novela como en esta adaptación es importante la escena en la que una mujer mayor se prende fuego junto a sus libros ante la mirada impávida de los bomberos.

La reinterpretación del 2018

HBO lanzó una versión para la televisión dirigida por el estadounidense Ramin Bahrani. Una versión muy libre en la que la resistencia, es decir, quienes en la novela eran los libros vivientes, ahora son también científicos que inoculan en el ADN de las aves un código adiciones en el que salvaguardan el conocimiento humano. Una versión, bastante alejada de la trama original y que reactualiza esta novela a algún año del siglo XXI en donde todo está dominado por las redes sociales, la televisión y las pantallas táctiles.

Por Christian Ávalos.

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