(Reseña) «Hatun Phaqcha, Tierra Sana»: Agrodiversidad en jaque

(Reseña) «Hatun Phaqcha, Tierra Sana»: Agrodiversidad en jaque

El documental, dirigido por Delia Ackerman, resalta la agrodiversidad de nuestro país, así como su potencial nutritivo y la obligación pendiente que tenemos de conservarla y asegurar su supervivencia.

Dionisia Mamani, una agricultora de Cabana (Puno), relata como es que ahora conserva cerca de 120 variedades de quinua. Ella ya sembraba quinua, pero la ‘normal’. Entonces, un día fue a una feria fuera de su pueblo, y encontró que vendían quinua pero de otro color, y eso le llamó la atención. Y así fue que ella pensó que también podía tener su quinua de colores, y lo logró. Ahora es una de las guardianas del patrimonio genético de la quinua, y conoce las propiedades nutritivas y medicinales de cada una de esas 120 variedades que conserva y cultiva. Esta historia, de inmediato me engancho.

A lo largo de este documental, agricultores, campesinos, chefs, antropólogos, nutricionistas, biólogos, entre otros conocedores afines, nos exponen como es que la agrodiversidad del territorio peruano no está siendo cuidada como se debe, y nos instruye de varios caminos que podríamos tomar para mejorar esto, a la vez que nos muestran esas problemáticas que no les permiten hacer más.

Es así que llegamos a situaciones paradójicas como: la desnutrición, la anemia y la obesidad en nuestro país, cuando podríamos alimentarnos de productos de nuestra agricultura que tienen propiedades nutritivas excepcionales; ser el país con más variedad de papas, pero tener en nuestros mercados a lo mucho cinco tipos de ellas (casi lo mismo con los ajíes); comunidades que no pueden consumir sus productos por falta de agua (o tener agua contaminada producto de la minería ilegal), entre muchas otras situaciones un tanto irónicas.

Mientras que, también vemos temas que no son exclusivos de nuestro país como el cambio climático, la deforestación, desarrollo del concepto de sostenibilidad o la desaparición de las tribus indígenas.

Ackerman nos va envolviendo con estos asuntos mientras viaja por todo el Perú y nos deleita con su naturaleza. Cada parada es aprovechada para mostrar un bellísimo paisaje, como el reflejo del sol en los cultivos y resaltar su diversidad de colores, como el correr del agua de las montañas, como la espesa vegetación de la selva, como las formas y tamaños distintos de cada producto agrícola, y esto lo intercala con imágenes de nuestra cultura (huacos, ruinas, templos) y costumbres (rituales, danzas), lo que da un resultado visualmente admirable.

En diversas entrevistas, la directora menciona que la realización le tomó nueve años. Pues el resultado es un documental bien logrado, que refleja un gran trabajo de investigación y apunta a despertar conciencia para la preservación de nuestra agrodiversidad y el legado ancestral que hasta ahora ha permitido que no desaparezca.

Por Malena Gamarra

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