(Reseña) «Esposas»: La violencia que se calla

(Reseña) «Esposas»: La violencia que se calla

La obra «Esposas» se encuentra en temporada los viernes y sábados a las 9:30 p. m. en el Club de Teatro de Lima.

El pasado 6 de mayo se estrenó la obra Esposas y el hecho de que este estreno coincida con la afectación a la educación sexual perpetrada por el Congreso de la República es una triste coincidencia de las que nos suele obsequiar este país sangrante. Quien crea que son hechos que no se pueden relacionar que lo piense otra vez.

Esposas es una interesante reinterpretación de la novela de Stephen King El juego de Gerald, publicada hace treinta años (que cuenta, además —¡cómo no!—, con una adaptación al cine en 2017) y que nos cuenta la historia de un matrimonio en crisis que recurre al juego de roles para «reavivar la llama»: él propone el uso de esposas en la cama para simular una violación. Y por si esto no fuera lo suficientemente retorcido (dado que rápidamente ella se manifiesta en desacuerdo con seguir), él le sube 10 líneas al riesgo con una sobredosis de viagra. Ya pueden ustedes imaginarse cómo sigue.

Sí, yo también creí que esto daría risa, pero pronto la historia te pone delante de un thriller psicológico que no te da tregua. Ella (Natalia) tiene que lidiar con una situación tremenda, la de quedar esposada a la cama junto al cadáver de su esposo (John), y esto la vuelve a enfrentar al fantasma de la violencia sexual que sufriera años atrás.

Jeffry Rasmussen, director y dramaturgo, adapta al teatro esta historia y acierta en ubicarla en un contexto pandémico, en el que muchas mujeres de nuestro país se vieron forzadas a convivir 24 horas ininterrumpidas con sus agresores. Por eso rápidamente Esposas te lleva a la angustia de una mujer atrapada y desesperada, que intenta mantener vigente una relación que solo está reproduciendo una situación de violencia que ella viviera mucho tiempo atrás.

Kali Granados encarna a esta esposa violentada y Raúl Castagneto al esposo y luego fantasma del esposo muerto por sobredosis. La tensión entre ellos se establece desde el inicio. Se anuncia el conflicto con una voz grabada de ambos que nos cuenta cómo empezó su historia y, como suele suceder, es una historia como cualquier otra. Pero el montaje no se permite en ningún momento mostrarnos esos «buenos tiempos». Tal vez eso sea necesario para bajar un poco la tensión, porque por momentos el clima de la obra se vuelve perturbador y oscuro, como de seguro lo es vivir una situación como le tocó a Natalia.

Todo adquiere un tono aún más sombrío, si cabe, con la revelación del pasado de este personaje, que por desgracia es común a muchas mujeres en nuestro país que son víctimas de la misoginia, del machismo y de la pésima educación sexual que, precisamente, se ha visto deteriorada una vez más por quienes la debieran proteger: los padres de la patria. Una vez más: triste ironía.

Uno de los retos que encaran los actores es el del doble papel. En el caso de Castagneto se trata de encarnar dos figuras de abuso en dos momentos distintos de la vida de Natalia. La obra se detiene en esta relación para darle una explicación freudiana a los demonios de ella, situación que se ve reforzada por la aparición de un álter ego de ella que parece ser una psicoterapeuta que también pone su cruel granito de arena para hacer el padecimiento de Natalia aún más insufrible.

Por Christian Ávalos.

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