(Reseña) «Trucos para ver en la oscuridad»: Teatro en tiempos de pandemia

(Reseña) «Trucos para ver en la oscuridad»: Teatro en tiempos de pandemia

Mariana de Althaus estrena nueva obra en el teatro del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú. «Trucos para ver en la oscuridad» es una obra escrita y dirigida por ella que cuenta con la actuación de Alejandra Guerra.

Yo no puedo predecir el futuro. Así que no puedo decir que ya todo quedó atrás y que no volveremos a tener que encerrarnos por culpa de una nueva peste que nos invada. Lo que sí puedo decir es que hace un par de años nadie podía salir de sus casas y que las actividades culturales del país fueron inducidas a un prolongado estado de coma del que poco a poco están empezando recién a despertar. Esta obra es el testimonio de una de las más importantes dramaturgas peruanas de la actualidad. Es un registro de los días en los que la falta de teatro y de un espacio para la creación hicieron que ponga a prueba su resistencia.

Todo esto lo vemos volcado en un escenario vacío en donde las ausencias son tan importantes como las presencias. Alejandra Guerra encarna a una Mariana que atraviesa las distintas etapas de la cuarentena intentando mantener la cordura en un mundo que claramente ha caído en el caos. No es fácil. Menos aun cuando hay hijos a los que hay que mantener sanos y salvos. Pero la acompañamos en esta travesía porque nos hace sentir que también fue nuestra propia travesía y nuestra propia lucha contra el «enemigo invisible».

De pronto, el misterio se instala en nosotros. Es invitada a una obra de teatro clandestino, al que se ingresa con contraseña y del que no puede decir nada a nadie porque toda actividad colectiva en lugares cerrados está prohibida. ¿Será cierto? ¿Fue solo un recurso ficticio para romper la monotonía del encierro y, por ende, de la obra? No lo sé, tampoco me importa. En la obra funciona muy bien. Y es un gran acierto representarlo como voces grabadas y luces en lugares en donde no hay nadie más.

Alejandra Guerra ingresa en la piel Mariana y la hace propia. Fluye con ella y nos empapa con su carisma. La gran empatía que existe entre actriz y dramaturga sumada a un buen libreto y a una interpretación comprometida nos lleva por los caminos que nos propone y nos dejamos llevar sin problemas a la angustia, al dolor, a la locura que asoma, al alivio, a la alegría, al recuerdo. Reímos, sentimos el nudo en la garganta, sufrimos, vivimos con ella.

Como ya se adelantó, la dramaturgia de la obra es testimonial, pero me atrevería a decir que también tiene mucho de ensayística y documental. Es el registro de los sentimientos de una creadora escénica a la que las circunstancias ataron de manos, pero que sobrevivió, no solo por su fortaleza innata, sino también gracias la complicidad de sus camaradas de tablas, quienes rompieron (o no) las normas para darse un respiro (nunca mejor dicho) para vivir un momento más de teatro antes de que la extinción los alcance. Sonó dramático, pero así es la gente de teatro. Eso es lo que nos gusta de ellos. Eso es lo que nos gusta del teatro.

Recuerda que esto no es cine, pero recomiendo que no te muevas de tu asiento a ver todas las escenas poscréditos.

Por: Christian Ávalos

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