(Reseña) «Mades Medus»: las frustraciones son más fuertes que los sueños

(Reseña) «Mades Medus»: las frustraciones son más fuertes que los sueños

«Mades Medus», obra emblemática del grupo Expresión y de María Teresa Zúñiga, está en una breve temporada hasta el 13 de noviembre en el Centro Cultural Ricardo Palma, bajo la dirección de Jorge Robinet, y con las actuaciones de Bruno Espejo y Vanessa Vizcarra.

Mades y Medus son dos payasos que esperan con impaciencia a que el público llegue a su circo. Con las esperanzas melladas, transcurre el tiempo mientras ellos ensayan, se preparan, afinan detalles de su acto para un público que no vendrá, que no existe, que se ha ido.

La obra de la dramaturga huancaína María Teresa Zúñiga cobra vida una vez más, ahora en la piel de Bruno Espejo (Medus) y Vanessa Vizcarra (Mades), quienes con mucha entrega y esfuerzo llevan a escena esta propuesta dirigida por Jorge Robinet (Punk rock), quien no se anda con sutilezas y nos da un mensaje muy claro y nos propone al país como un circo en ruinas en la que dos artistas escénicos intentan sobrevivir a pesar de las circunstancias adversas y con clara influencia beckettiana.

Fue por una enfermedad que la postró en cama que Zúñiga escribió esta pieza teatral. Ahora, en la propuesta de Robinet, puede ser incluso la covid-19 la que mella la salud de Medus, la que ha alejado al público de los artistas y con esto tenemos un planteamiento escénico sólido que nos enfrenta a una realidad incómoda, harto conocida para quien, con valentía y entrega, decide dedicarse al teatro en este país de sobrevivientes.

Como ya dijimos, el escenario nos remite a un circo cuya carpa parece estar hecha de retazos de otros carteles (quizá letreros de protestas sociales pasadas) y coincide con los colores y patrones de la bandera nacional. En medio del desastre están dos actores, esperando. Mades, que en esta oportunidad es interpretada por Vanessa Vizcarra, es la mayor de entre los dos, y se muestra sin esperanzas, cínica y cansada, como condenada a esperar lo que no va a venir, solo espera por costumbre, porque no sabe hacer ni ser otra cosa que un engranaje de algo más que, o no entiende, o ya está cansada de intentar entender. «Las frustraciones son más fuertes que los sueños», nos dice, y es imposible no sentir su amargura.

El más joven y el más enfermo es Medus, interpretado por Bruno Espejo. Así como Vizcarra nos transmite la frustración, Medus nos dibuja el sueño y la esperanza. Él espera aun sin esperanzas. No espera porque no haya más remedio, espera porque es lo que toca hacer, y esa postura existencial es tremenda a innegable. O quizá sea mejor decir: no espera, resiste. Espejo hace suyas las palabras de María Teresa Zúñiga y se convierte en la figura más desgarradora, más risueña y la más triste. Su honestidad y su agonía conmueven hasta el punto de convertirse en el punto de equilibrio del montaje. Él trastabilla y el circo con él; él resiste y todo resiste con él.

En boca de ambos, la poética del texto adquiere un nivel más de profundidad y dolor. De nostalgia por tiempos que ya se han ido, aunque tengamos todavía la leve esperanza de que volverán, con el público, con Molière, con sus personajes, a llenar una vez más nuestras vidas.

Por Christian Ávalos

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