(Reseña) “Babylon”: el exceso se convierte en norma

(Reseña) “Babylon”: el exceso se convierte en norma

La Biblia se refiere a Babilonia como la madre de todas las prostitutas, la ciudad que dio de beber al mundo el vino del furor. Y uno al ver la más reciente película de Damien Chazelle, Babylon, que cuenta con las actuaciones de Margot Robbie, Diego Calva, Brad Pitt, entre otros, no puede evitar pensar que tal vez Juan el Evangelista tenía razón, que viajó en el tiempo y que nos quería advertir sobre este pueblo desértico que se convirtió en la meca del cine mundial.

Chazelle nos cuenta la historia de Manny Torres (interpretado por Calva), un joven mexicano que decide probar suerte en el mundo del cine mudo en la década de 1920 de la mano de la estrella Jack Conrad (interpretado por Brad Pitt), quien lo hace visitar un set de grabación luego de que aquel lo ayudara a salir de una orgiástica fiesta en donde coincidieron con Nellie Laroy (Margot Robbie), de la que Manny queda prendado.

La película puede dividirse en dos partes muy bien diferenciadas. En la primera hora y media Chazelle nos muestra el auge del cine mudo y el derroche y exceso con el que los dueños de la industria viven día a día. De hecho, la película empieza con una orgía tremenda que deja ensombrecida al Herorgasm de The Boys que incluye todo tipo de drogas, un enano lechero y un elefante que distrae a los asistentes para que Manny puede sacar a una joven inconsciente.

Quien quiera ver aquí lo que se suele denominar una «carta de amor al cine» también tendrá que ver su cara opuesta: la crítica feroz a una industria que se devoró a sí misma y que fue siempre afectada por los cambios tecnológicos a los que se sometía. En este caso, la llegada del sonido fue el cambio que revolucionó por completo la industria y significó un viraje traumático para muchas figuras que, de pronto, dejaron de ser las personas más importantes del lugar para convertirse en meros desempleados.

Y en este punto vemos como la carrera de Nellie, luego de su ascenso meteórico tiene una estrepitosa caída porque es incapaz de desligarse de sus vicios y además no es capaz de adaptarse a las reglas de conducta que la industria le exigía, lo que frustra una y otra vez los planes que tenía Manny para ella, para verla brillar.

La pareja formada por Robbie y Calva está bastante bien. Derrochan química en pantalla y sus escenas son siempre acompañadas por un tema musical característico para ellos, nostalgia pura. Por el otro lado, tenemos a Jack Conrad, un actor que ya era conocido y muy popular en la época del cine mudo, pero que no haya su lugar en el nuevo cine que se va forjando con el sonido. De hecho, una de las mejores escenas de la película es la que llevan adelante Brad Pitt y Jean Smart (la Magaly Medina de aquellos tiempos, Elinor St. John), en la que se discute la valía de la vida de un actor al que ya no le sonríe la fama.

La segunda parte de la película es más bien irregular, con momentos extraños como la intervención del personaje encarnado por Tobey Maguire y el desenlace de la historia de Manny y Nellie. Ella la pasa muy mal y él no puede evitar ofrecerle siempre su ayuda, incluso a riesgo de su propia vida. El abanico de temas aquí es abierto de tal manera que la película pierde su brillo y se vuelve en un continuo caos que no resuelve bien los problemas que ella misma plantea, de manera que se pierde darle un mejor cierre al desarrollo de sus personajes. Sobre todo el de Manny, quien encuentra paz de una manera muy cliché, de una forma muy hollywoodense.

Por Christian Ávalos

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